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¡Cómo los profesores podemos tener nuestras facetas ocultas!


La faceta oculta de Jim O´Connor 



Este es el caso de un profesor de matemáticas, con su típica fama de un docente muy estricto, muy duro, sólo capaz de tener en su cabeza conocimientos matemáticos... o eso era lo que creían sus alumnos. 
Un alumno de esta clase, en la que el profesor impartía sus conocimientos, por diversos motivos, se enteró del magnífico secreto que escondía este profesor bajo su tiza, su pizarra, y sus ecuaciones…

A veces, pensamos sobre cómo los profesores podemos crearnos una reputación delante de nuestros alumnos, a pesar de, quizás, ser todo lo contrario… La perspectiva de los alumnos puede cambiar, desde que conozcan nuestras habilidades o aficiones fuera del horario escolar, pero también es un aspecto que no todos los profesores quieren comentar a sus alumnos… ya que, consideramos, que tanto alumnos como profesores, debemos mantener un respeto y distanciamiento ante esa segunda persona, y no sobrepasar el interés sobre su vida privada.

Este vídeo nos dejará unos minutos pensando en lo buenas que pueden llegar a ser las personas que educan a nuestros hijos, lo que les pueden llegar a enseñar, ya no sólo nos referimos a conocimientos matemáticos o de lengua, sino cómo los pueden llegar a formar como magníficas personas…


El lenguaje no-verbal del docente en el aula

¿Cómo nos comunicamos los docentes utilizando el lenguaje no-verbal en las aulas?


La comunicación es una herramienta de interacción totalmente esencial en la enseñanza, y dentro de ella se destaca un 70% de lenguaje no-verbal el cual facilita situaciones de orden y estabilidad en el aula si se transmite correctamente al alumnado.

El emisor (docente) se encarga a través de este tipo de lenguaje de imponer el grado justo de autoridad sin que llegue a resultar demasiado amenazante, por ejemplo, sin elevarse físicamente siempre por encima de los alumnos y no apoyando sus manos en la cintura. Como alternativa a estas actitudes, se procura que el acercamiento al niño sea desde su baja altura agachándose o inclinándose, además de que el trato no sea demasiado frío, y el cruce de brazos se produzca lo menos posible de cara al niño. Sin embargo sí que se debe mantener la mirada en todos los alumnos y a la vez centrada en cada uno para que éstos no lleguen a sentirse totalmente observados pero sí atendidos por su maestro o maestra.

Con respecto a la detección de alumnos que alteran el ritmo habitual en el aula, también sirve de gran utilidad este tipo de lenguaje. Una vez se capta una mirada nerviosa o una posición inquieta en un alumno, por ejemplo, podríamos intuir su intencionalidad de perturbar la armonía en el aula, y si en cambio muestra una posición relajada y una mirada atenta a su compañero de al lado sin prestarnos atención e incluso haciendo como que estudia cuando “lo pillamos”, podríamos estar casi con total seguridad ante un alumno muy despistado que altera el ritmo de aprendizaje de sus demás compañeros sin tener intención alguna (al contrario que el primer ejemplo del niño conflictivo).

Ejemplos de comunicación no-verbal


  • Mirar fijamente al alumno cuando está haciendo algo malo o inadecuado
  • Aparentar tranquilidad y ausencia de prisa mientras se espera un silencio en la clase
  • Sonreír al niño cuando ha hecho un buen trabajo sin necesidad de decirle nada
  • Agacharse al lado de la mesa del alumno y hablar en voz baja para inspirar tranquilidad y confianza

La educación en los años 50 – 60





Tras realizar una pequeña entrevista a nuestros familiares de edad más avanzada hemos obtenido información de cómo era la educación en los años 50 – 60. 





Los recursos materiales eran muy escasos, limitándose a la pizarra, una libreta y un libro. Llama la atención que en esta época, con los recursos tan escasos, los alumnos tenían que llevar su propio pizarrín y tiza.

Los centros a los que iban los entrevistados se encontraban lo bastante cerca de sus casa, no tenían que desplazarse grandes distancias.  La mitad de los centros eran casa particulares, otros públicos y solo uno de los entrevistados afirmo ir a un colegio privado.

El perfil del maestro era de base escrita y exigente;  la información que proporcionaba era unidireccional, va del profesor al alumno. El profesor era frío y había falta de importancia del alumnado. Por lo tanto, el método de enseñanza era tradicional, se hacía mucho uso de la repetición, copia, el dictado, dejando al margen trabajos colectivos o creativos. La religión era muy importante, se rezaban  a la entrada y salida de clase.

El castigo físico está presente en la mayoría de las escuelas entrevistadas. Como ponerse de rodillas contra la pared.
Las escuelas normalmente tienen horarios de mañana y de tarde. Aunque en el caso de los niños acudían a la escuela cuando no tenían que trabajar. Los colegios no tenían todas las vacaciones de verano, como ahora. Y las festividades eran la mitad de las que ahora tenemos.

Por último, las familias confiaban ciegamente en los maestros. Aunque estos no acudían frecuentemente a hablar con los maestros, creían que estos iban hacer lo mejor por sus hijos. La familia de los entrevistados les daban mucha importancia a la educación aunque por el momento histórico y social que estaban viviendo, estos faltaban a la escuela.

Una clase curiosa: la clase Montessori

María Montessori afirma que la educación se basa en un triangulo ambiente-amor-niño, de tal forma que combinando los tres elementos constantemente es el niño quien puede formarse como hombre o mujer con sus mejores o peores características a través de sus experiencias.


Una clase Montessori ideal consistiría en un agrupamiento de niños con diferentes edades en las que se desarrollen interactuando entre ellos mediante los materiales Montessori. Éstos materiales e incitaciones serían ofrecidos por el guía (maestro), alguien con recursos y don de modelo y demostrador el cual debe observar meticulosamente el comportamiento y crecimiento del niño. El maestro tiene la función de facilitar el aprendizaje, no de darlo directamente ya que son los alumnos los que deben alcanzar su potencial completo mediante las actividades propuestas por el guía que promuevan su desarrollo de las habilidades sociales, el crecimiento emocional y la coordinación física entre otros. El niño debe de experimentar el placer del aprendizaje y disfrutar del proceso, y es ahí donde el maestro actúa como guía.

El desarrollo Montessori ideal sería desde el nacimiento, desarrollando las comunidades infantiles desde el principio tal y como se propone para sustituir las guarderías, ya que desde ésta época nace el interés en los niños de 0 a 3 años. Sin embargo el aprendizaje montessoriano es fundamental a partir de los tres años siguientes, ya que se adquieren las habilidades de comunicación necesarias para el desarrollo personal del niño.


Como conclusión y pequeño resumen podríamos afirmar que la clase Montessori perfecta sería un aprendizaje colectivo en donde se respete el derecho a protestar y opinar libremente: ello conlleva las capacidades de observación, análisis y síntesis.